

Butlletí de
Projectes Socials
núm 16
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El desarrollo profesional:
clave para mejorar la intervención social
¿Qué competencias debe tener un buen profesional para desarrollar su intervención social con éxito y de manera eficaz? La realidad cambiante, con la que hemos de contar hoy en día, hace que afrontemos nuevos retos para poder trabajar bien y con calidad. Necesitamos contar con profesionales bien formados, que dominen sus competencias y funciones, para poder hacer mejor su trabajo.
Las competencias se clasifican según se trate de elementos conceptuales, procedimentales o actitudinales:
- SABER: son los conocimientos que permiten desarrollar adecuadamente la profesión.
- SABER HACER: son las habilidades, aptitudes y destrezas requeridas en situaciones específicas de la práctica profesional.
- SABER SER y ESTAR: se refiere a las actitudes, valores, motivaciones y compromiso con el entorno, las cuales orientan la conducta de la persona que ocupa un determinado puesto de trabajo.
Desde hace ya algunos años que las organizaciones -más aún las del sector social- se han dado cuenta de la importancia que tienen las actitudes del futuro empleado (es por ello que se intentan evaluar aspectos como la flexibilidad, iniciativa, compromiso con los valores y objetivos de la entidad, entre otros). Las actitudes se valoran más que los conocimientos teóricos y las habilidades prácticas (las cuales se pueden adquirir más fácilmente). A la dificultad de poder establecer una buena evaluación de las competencias actitudinales, hay que añadir la dificultad de cómo desarrollarlas a través de acciones formativas. La formación clásica tiene limitaciones cuando lo que se persigue es conseguir cambios profundos en la persona, para mejorar aspectos como el sentido de la responsabilidad, la flexibilidad, la autonomía o la empatía. Y esto es así porque en esta evaluación y desarrollo actitudinal intervienen aspectos como la personalidad o el grado de conciencia de la manera de ser de uno mismo.
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Formación cursos breves:
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